La reforma del Código Civil apuesta a que los niños sean escuchados

9 septiembre, 2015

Podrán decidir sobre tratamientos médicos no invasivos y su voluntad será tenida en cuenta en trámites de adopción. Argumentos desde lo jurídico y lo psicológico para entender la importancia de respetar sus opiniones.

“Al ser escuchado, el niño se siente persona, querido y amparado”, explica Felisa Lambersky De Widder, coordinadora del departamento de Niños de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Según los especialistas, las madres escuchan a sus hijos desde el nacimiento, aprenden a decodificar hasta las necesidades del llanto. Cuando balbucean, la mamá repite lo que dice, y así instala el lenguaje y responde en base a esa escucha. Sin embargo, en algunos momentos la escucha se desvanece.
“En los últimos años, las situaciones traumáticas como divorcios u otros problemas familiares que el chico presencia han aumentado, al igual que las consultas de padres que ven algo en sus hijos, alguna actitud que les llama la atención, y muchas veces la causa es la falta de escucha”, explica la experta. Si bien para muchos el hecho de escuchar a los niños puede parecer un detalle, “no se dan cuenta del bien que se les hace brindándoles una escucha atenta”, agrega Lambersky. El niño no escuchado –explica– puede desarrollar patologías como la inhibición del aprendizaje: “La curiosidad es algo que se desarrolla a partir de la indagación. Si al chico no se le pregunta, no podrá preguntar, no podrá decidir.”
Las modificaciones previstas para el Código Civil contemplan, por primera vez en su historia, al niño como sujeto capaz de decidir. Ya no se los nombra como “menores” sino como “niños, niñas y adolescentes” y como “persona menor de edad”. Tampoco se refiere a ellos como “incapaces” sino como personas que van adquiriendo capacidades. El Código Civil actual determina que la incapacidad de los menores “cesa por la mayoría de edad el día que cumplieren los 18 años”. Si bien la Ley 26.061, sancionada en 2005, contempla el derecho que los chicos tienen a ser oídos, que esto sea garantizado y reafirmado en un nuevo Código Civil supone un nuevo marco jurídico para la infancia en la Argentina.
El proyecto de reforma también presume que los adolescentes entre 13 y 16 años tienen aptitud para decidir por sí, respecto, por ejemplo, de aquellos tratamientos médicos que no resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan un riesgo grave en su vida o integridad física. “Esto significa que si un chico de 14 años va a un hospital a que le den un preservativo, habrá que dárselo sin que medie el consentimiento de sus padres o representantes legales”, ejemplifica Lambersky. Si se trata de tratamientos invasivos que comprometen su estado de salud, los adolescentes deben prestar su consentimiento con la asistencia de sus progenitores. El conflicto entre ambos se resuelve teniendo en cuenta su interés superior, sobre la base de la opinión médica respecto de las consecuencias de la realización o no del acto médico.
Además, a partir de los 16 años el adolescente –que en las próximas elecciones legislativas, si Diputados aprueba el proyecto que ya tiene media sanción del Senado, podría votar– es considerado como un adulto para las decisiones atinentes al cuidado de su propio cuerpo. Por lo que pueden decidir, por ejemplo hacerse un piercing o un tatuaje.
“Los chicos de ahora no son como los de antes, hay que explicarles los tratamientos que se les realizan y la medicación que se les suministra”, destacó Osvaldo Ortemberg, abogado de familia. “El derecho de los niños a ser escuchados de hecho existe, pero no muchos jueces lo cumplen ni lo hacen cumplir, y los abogados estamos pidiendo que se los escuche. Algunos jueces sólo lo hacen en casos excepcionales, cuando el chico es discapacitado, pero casi siempre se decide por ellos, sin siquiera consultarlos.”
“Las modificaciones al Código Civil significan un paso gigantesco, van a modificar las relaciones sociales”, asegura César Bonanotte, coordinador del Plan Nacional de Acción por los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF). “Brinda la posibilidad de que expresen en voz alta lo que quieren, y así el mundo de los adultos podrá construir nuevas formas de relacionarse con ellos. El derecho está ligado a que el adolescente  sea decisor, porque en la actualidad pueden escucharlos, pero la decisión casi siempre está en otra parte”, agregó Bonanotte.
Por su parte, la abogada Laura Calogero destaca que “los cambios con respecto a la toma de decisiones sobre los tratamientos médicos son muy positivos; de la misma manera debe adecuarse el nivel de información que se le brinde a la persona que tenga que decidir”.
La importancia de la escucha de los niños también se destaca a la hora de decidir sobre la tutela. En el apartado sobre el discernimiento de la misma, se detalla que para esta decisión o cualquier otra relativa a la persona menor de edad, “el juez debe oír previamente al niño, niña o adolescente, tener en cuenta sus manifestaciones en función de su edad y madurez, y decidir atendiendo primordialmente a su interés superior”. En el apartado sobre la adopción, se considera el derecho del niño, niña o adolescente a “ser oído y a que su opinión sea tenida en cuenta según su edad y grado de madurez, siendo obligatorio su consentimiento a partir de los diez años”.
“El derecho se moderniza y ya no es considerado como algo aislado, sino la respuesta y adecuación a necesidades sociales reales. Hoy sabemos que desde los 13 años el chico tiene capacidad de discernimiento”, dice el abogado Hansel Stegman, y agrega: “Si bien el derecho del niño a ser oído ya está planteado en la Convención Internacional, la reforma del Código lo hará operativo en varios aspectos. Cuando no hay una norma en concreto, todo queda boyando en el aire. El nuevo Código le dará aplicación concreta a ese derecho.”

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